GANADERÍA VACUNA, ECOLOGÍA Y SALUD

14 millones de vacas paraguayas eructan metano a la atmósfera, el potente gas que calienta el planeta

La poderosa industria ganadera local se enfrenta a un desafío: qué hacer con los miles de toneladas de metano que producen naturalmente las vacas. El metano es el gas que contribuye un 25% al total de gases de efecto invernadero que generan el calentamiento global y el consecuente cambio climático. Aunque lejana aún, se cierne amenazante la alternativa de la carne sintética.

La cantidad de cabezas de ganado vacuno dobla a la de la población paraguaya de 7.300.000 habitantes.

Walter Sandoval tiene una tarea parecida a la de un detective: identificar el genoma de una comunidad de microbios denominados Arquea. Un microorganismo distinto a la bacteria que vive en el rumen de la vaca (uno de sus cuatro estómagos) y que, al descomponer el forraje que come este ganado, produce el gas metano (CH4), el que atrapa calor en la atmósfera 23 veces más que el dióxido de carbono (CO2) aumentando la temperatura del planeta. Ya hace un año que está detrás de este invisible personaje.

Sandoval (35) es biólogo egresado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNA, doctor en microbiología por la Universidad Estatal de Carolina del Norte, EE.UU. y postdoctorado por la Universidad de Harvard. El microbiólogo (uno de los pocos científicos repatriados) sabe que su tarea no es fácil, pero se siente seguro de su formación científica y, además, tiene una fuerte motivación: es, como quizá el 90% de los habitantes de este país, un carnívoro incorregible que quiere seguir comiendo carne vacuna, pero sin la culpa de contribuir al calentamiento global y a la destrucción del planeta.

“La verdad es que a mí me gusta mucho la carne y una forma de ayudar para que yo y muchos sigamos comiéndola es realizando esta investigación para que las vacas dejen de emitir metano”, dice Walter sonriendo.

Aunque lo ve muy lejano, el científico tampoco descarta que otra solución al problema sea la carne sintética, la cultivada en los laboratorios, una vía que los ganaderos locales aborrecen y temen a un mismo tiempo.

Walter Sandoval en su laboratorio de FACEN. Aquí se apoya en la campana anaeróbica en el que detectará al microorganismo Arquea

Un dato categórico

El Tercer Informe Bienal de Actualización sobre Cambio Climático -el que midió el total de emisión nacional de gases de efecto invernadero (GEI) elaborado y publicado en agosto pasado por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades)- agrupa en cinco sectores las emisiones generadas en el país: Energía; Procesos Industriales y Uso de Productos; Agricultura y Ganadería; Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura, y Residuos. Del sector Agricultura y Ganadería proviene el 50% de los GEI y casi toda la emisión de metano. El Informe concluye que el 35% de los GEI que se emiten en el país es el CH4, un gas emitido principalmente por las vacas en Paraguay.

Aunque el país solo contribuya con el 0,09% al total de las emisiones de CO2 globales, el dato del CH4 es más que preocupante, porque la ganadería vacuna es uno de los pilares de la economía paraguaya y porque, en los últimos años, los grandes bloques políticos y económicos como la Unión Europea y los EE.UU. parecen tener una voluntad real de disminuir la emisión de metano.

La prueba de que estos dos poderosos bloques –a las vez dos consumidores insaciables de carne vacuna– esta vez hablan en serio es el acuerdo al que más de 100 países llegaron en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático realizada en Glasgow, Escocia, en noviembre pasado; este acuerdo pretende reducir en esta misma década en un 30% la emisión de metano en el mundo. El acuerdo fue promovido por ambos bloques y la delegación del Gobierno paraguayo en Glasgow no lo refrendó.

De acuerdo a la Tercera Comunicación del gobierno nacional a la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático realizado en el 2017, del total de 35% de metano emitido, el 87% proviene de lo que se llama fermentación entérica del ganado vacuno; el resto proviene mayormente de la producción de arroz y en un pequeño porcentaje de los residuos.

Esta fermentación no es otra cosa que el proceso de digestión natural de la vaca a través de sus cuatro estómagos. La vaca mete en la boca el forraje (una mezcla de cereales, pasto seco y hierba), luego lo mastica, lo traga y llega al rumen, el estómago vacuno donde habita un huésped: la Arquea, un microorganismo que descompone y procesa lo que tragó la vaca y lo convierte en metano.

“El metano producido por la Arquea sale en un 90% en forma de gas a través del eructo de la vaca; el resto sale a través de la flatulencia y, aunque muy poco, a través de las heces o la bosta, como le llaman…”, explica Sandoval con la pasión del científico, mientras mira de reojo la campana anaeróbica (sin oxígeno) que está en su laboratorio, el aparato con forma de microondas en el que buscará a los invisibles arqueas que pueden vivir sin oxígeno. Una vez que las encuentre, identificará su genoma y luego creará una especie de vacuna contra él.

La otra contribución del ganado vacuno a las emisiones de GEI, según el documento del Mades, es al óxido nitroso través de la categoría “Gestión del estiércol” del sector Agricultura y Ganadería. El estiércol se produce principalmente de las bostas y orinas de los 14 millones de vacas, y en mucha menor proporción de las heces de los cerdos y las aves de corral; el estiércol se usa para el abono de los cultivos y emite los GEI metano y óxido nitroso. Queda claro que las vacas también contribuyen a la emisión de N2O, que representa el 18,5% del total de los GEI del país.

Se produce muy poco

Aunque no desde el lugar de Walter Sandoval, la ciencia, sino desde uno de los gremios más importantes de la industria ganadera en el país, opina Alfred Fast, presidente de la Mesa Paraguaya de Carne Sustentable.

“La ganadería paraguaya produce y emite muy poco metano, sencillamente porque hay otros países que emiten muchísimo más, tal como confirman los datos formales de FAO”, dice Fast, contextualizando el asunto para reducir su responsabilidad en la emisión global de CH4.

Los grandes productores de ganado vacuno en el mundo, según datos de Naciones Unidas, son EE.UU. (20%), Brasil (15%) y Unión Europea (13%), y por ello los grandes emisores de metano.

Fast se anima y va más allá en un intento de minimizar el efecto del CH4 en el cambio climático: “Además, el metano, como el CO2, también es un gas natural que no tenemos por qué mirarlo mal”, dice, omitiendo que el asunto no es que el metano sea un gas natural, que nadie discute, sino la comprobación científica de los climatólogos de su exceso de emisión por las actividades industriales y agrícolas de los seres humanos.  

Los grandes pies de la ganadería

Según el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal, 14 millones de cabezas de ganado vacuno pastan, comen forraje y eructan en Paraguay.

De este total, 7.614.000 deambulan, siempre hambrientas, en los establecimientos ganaderos de la Región Oriental del país, mientras que 6.304.000 hacen lo mismo en la Región Occidental o Chaco. Ocupan, según los datos de la Asociación Rural del Paraguay, 26 millones de hectáreas de tierra, el 63% del todo el territorio del país. Son los pies gigantes de la ganadería vacuna, cuyo espacio es superior a países como Luxemburgo, Ciudad del Vaticano, Mónaco o San Marino; una ganadería que fue creciendo sostenidamente desde que los españoles trajeron las primeras vacas a la colonia desde Brasil, a mediados del 1500.

Todas estas vacas eructan y emiten metano.

“Los cálculos científicos fijaron que una vaca emite, como mínimo, 55 kilos de metano por año, una emisión natural de su proceso digestivo”, explica la doctora en veterinaria Luisa Cáceres, miembro del equipo técnico del Mades. Y agrega: “Todos los animales, incluyendo los humanos, emitimos metano; la diferencia es que, por ejemplo, un humano emite 0,2 a 0,5 kilogramos de metano y la vaca 55 kilos cada año”. Si multiplicamos los 14 millones de cabezas de ganado vacuno por 55, la cantidad de kilos de metano que cada ganado emite cada año, el resultado es que la ganadería paraguaya emite 770.000.000 kilos metano cada año.

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) todas las vacas del planeta emiten, cada año, 100 millones de toneladas de metano a la atmósfera.

El Panel Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) calcula que alrededor del 40% del metano emitido tiene fuentes naturales, como los humedales; el resto tiene como fuente las actividades humanas como la quema del gas natural, los basurales, la ganadería vacuna y ovina y la producción de arroz.

La ganadería es una industria en la economía paraguaya que tiene varios eslabones de producción, procesamiento, comercialización y consumo. Aquí una carnicería del Mercado 4, una de las tantas a las que proveen los frigoríficos, un eslabón muy importante en la cadena.

Los científicos están preocupados porque el metano, en un periodo de 100 años, calienta el planeta entre 28 y 34 veces más que el CO2, aunque no dura tanto en la atmósfera como el dióxido de carbono. Por esta potencia genera entre el 25% y el 30% de los GEI que calientan el planeta, según los expertos.

Una emisión insignificante

Para Daniel Coronel, técnico especializado en desarrollo sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Paraguay, “las emisiones de metano por fermentación entérica en Paraguay es lo esperable, porque es un país ganadero”, y añade que las emisiones del país son insignificantes a nivel global. “Yo recomendaría que el Gobierno paraguayo no firme el acuerdo de reducción de metano al que otros países arribaron en Glasgow, porque afectará su economía”, opinó con claridad.

Alfred Fast abona la posición de Coronel leyendo “las intenciones” que, a través de las actuaciones de Naciones Unidas, tendría el acuerdo de reducción de metano promovido por la Unión Europea y los EE.UU.

“Hay veces que detrás de la posición de Naciones Unidas se ocultan intereses extraños a los intereses del país. Un ejemplo es el comunicado en el que instaban a comer menos carne vacuna para combatir el cambio climático…”, dijo, recordando el informe del IPCC de agosto del 2019 en el que recomendaba la reducción del consumo de carne para combatir el cambio climático, una recomendación que fue comunicada por todas las oficinas de Naciones Unidas en el mundo.

Los populares puesto de Asadito en los centros urbanos del país. Es alto el consumo de la carne vacuna, aunque la mayoría de la población consume carne barata y de baja calidad.

Veronique Gerard, técnica de las Naciones Unidas en Paraguay en desarrollo sostenible, coincide con Fast, aunque lo exprese con otras palabras: “Nosotros debemos tener en cuenta nuestra realidad, los intereses de la producción nacional, y no tanto los intereses de afuera, porque, en el caso de la ganadería, es muy importante para nuestra economía”, dice. 

Tres salidas posibles

El científico Walter Sandoval sabe que, para evitar que las vacas sigan emitiendo metano y calienten el planeta, hay tres vías: descubrir una molécula que inhiba a las arqueas producir metano en el estómago del ganado; reducir sustancialmente la producción y el consumo de la carne vacuna, o cultivar carne sintética en laboratorios.

Sandoval optó por la primera de las opciones.

“Uno de los objetivos de mi investigación es identificar y caracterizar el microbioma, la comunidad de microorganismos que descompone los alimentos que consume la vaca y los convierte en gas metano; además, estaremos identificando moléculas pequeñas que inhiban la generación de este gas para ayudar a la producción ganadera nacional”, explica.

El científico está confiado en que lo logrará y tiene aún más de un año para desarrollar su investigación financiada desde el 2019 por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Pero Sandoval también vislumbra en el horizonte lejano que la carne cultivada en laboratorio, esa que alimenta las células madre de las vacas para generar toneladas y toneladas de fibras musculares, podría ser otra posible solución al problema. 

“Hoy la carne sintética no es sustentable por el alto precio de su producción y consumo; en EE.UU. solo pueden comprarla las personas que tienen alto poder adquisitivo. Pero si con el tiempo se abarata, si hay tecnologías que vuelvan accesible su precio, es posible que sea una solución a largo plazo”, comenta.

Un puesto de venta de asado en la ciudad de Lambaré. Aqui un corte de vacío asado a la parrilla. ¿Podrá verse y ser tan rica como esta carne natural la carne sintética?

Los que no quieren ver esta posibilidad de la carne sintética y están preocupados son los ganaderos de Paraguay y de todo el mundo.

Esteban Vasconcellos, ganadero y presidente del Comité de Medioambiente de la ARP, opina que el proyecto de la carne artificial “no tiene nada de preocupación por el medioambiente ni quiere combatir el cambio climático, sino una intención mercantil de entrar al mercado de la carne vacuna mundial”. Vasconcellos agrega que “solo quieren entrar en el negocio”.

El problema es que hay “traidores” en la propia familia: el gigante brasileño de la carne JBS, con fuerte presencia en el mercado paraguayo de la carne, invirtió hace tres semanas un importante capital en la empresa española Biotech Foods, una productora de carne sintética.

Canalizando esta preocupación, los senadores Stephan Rasmussen, Fidel Zavala, Georgia de Dolinsky, Enrique Riera y Fernando Silva Facetti –todos vinculados a la producción ganadera– habían presentado el proyecto de ley “De protección del consumidor de productos cárnicos y sus derivados” que, entre otros aspectos, prohíbe el uso del término “carne sintética” ante su eventual comercialización. El proyecto se convirtió en ley en el Congreso el pasado 2 de diciembre.

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