¿Cómo gobernar Asunción? – Hina

OPINIONES Y ENSAYOS

¿Cómo gobernar Asunción?

La Alianza Unidos por Asunción (AUA), conformada por once partidos políticos de oposición, enfrenta un enorme desafío: no solo ganar las elecciones municipales, sino, sobre todo, prepararse para gobernar.

Por Vladimir Velázquez Moreira

La AUA enfrenta un desafío distinto y a la vez mayor que el régimen colorado en las próximas municipales de Asunción. No solo es juntar más votos y entrar a la Intendencia y la Junta Municipal de la Capital del país durante cinco años. Porque en más de treinta años de transición democrática, los partidos políticos —de derecha y de izquierda— han descuidado sistemáticamente su preparación para el gobierno. El resultado está a la vista: programas que nadie cree, promesas que se diluyen y una profunda desconfianza ciudadana hacia la política municipal.

Gobernar Asunción hoy no equivale a administrar una ciudad más. Implica hacerse cargo de una ciudad que arrastra décadas de deterioro institucional, degradación urbana y descomposición de lo público, hasta llegar a un punto crítico. No es una crisis coyuntural. Es el resultado de un modelo que se agotó y que, sin embargo, sigue operando.

La AUA deberá nadar contracorriente. Tendrá que disputar votos y, al mismo tiempo, prepararse para frenar una dinámica urbana profundamente dañina e iniciar un proceso de transformación que excede ampliamente un solo periodo de gobierno (2026–2031). Gobernar Asunción exige pensar en plazos largos, en estrategias políticas sostenidas y en un proyecto de ciudad que vaya más allá de la urgencia electoral.

Pero ¿qué significa, concretamente, gobernar Asunción? Significa identificar los condicionamientos internos y externos que pesan sobre el gobierno de la ciudad, y superarlos con fuerza política y capacidad técnica.

Condicionamientos internos: una municipalidad capturada

El primer gran condicionamiento es el propio aparato municipal. La Municipalidad de Asunción arrastra una hipertrofia de funcionarios producto del clientelismo, con estimaciones que rondan los diez mil empleados. A ello se suma una pérdida sostenida de capacidad técnica, una situación financiera crítica y una expansión de la corrupción sistémica.

La institución municipal dejó de funcionar como herramienta de gobierno de la ciudad para convertirse en un aparato de reproducción del régimen, sostenido por alianzas entre sectores del Partido Colorado, del Partido Liberal Radical Auténtico y sindicatos de funcionarios que, hace tiempo, abandonaron cualquier horizonte de modernización institucional.

A este cuadro se suma el control histórico de la Junta Municipal por concejales que, más allá de su pertenencia partidaria, han respaldado de manera consistente un proyecto de vaciamiento de lo público. Sin acuerdos políticos sólidos en la Junta, cualquier intento de transformación quedará bloqueado: presupuestos, ordenanzas, controles y políticas urbanas dependen de ese órgano.

Gobernar Asunción, entonces, no es solo gestionar una intendencia: es disputar el control y el sentido del aparato municipal.

Condicionamientos externos: dependencia y desregulación

La debilidad financiera y técnica de la municipalidad profundiza su dependencia del Estado central, responsable de las principales obras de infraestructura urbana. En el contexto actual, esa dependencia se traduce en una relación asimétrica con el poder político concentrado del cartismo.

Pero la presión no proviene solo del Estado central. La voracidad del mercado inmobiliario avanza sobre el territorio urbano aprovechando la debilidad institucional: normativas que no se hacen cumplir o que se modifican para beneficiar proyectos privados. Nunca como ahora se ha sentido un malestar tan extendido frente a la forma en que se urbaniza Asunción.

El resultado es un proceso de urbanización que expulsa población —especialmente jóvenes y sectores medios—, al mismo tiempo que crece la población que vive en asentamientos precarios, que ya representa cerca del 25% del total. El último censo confirma una tendencia alarmante: la capital pierde habitantes.

Si esta dinámica no se revierte, el futuro es claro: guetos de ricos y de pobres, una ciudad envejecida y mayores tensiones sociales.

Privatización silenciosa y ciudadanía debilitada

Todo esto se desarrolla en un contexto marcado por más de tres décadas de modernización clientelar y desregulada. Ante la ausencia o el colapso de servicios públicos, las personas se arreglan como pueden: transporte privado, seguridad privada, generación privada de energía, soluciones informales para la basura o el agua.

Así, sin darnos cuenta, hemos desarrollado mucho más una lógica de consumidores que de ciudadanos. Buscamos en el mercado lo que no encontramos en el Estado. La privatización no siempre fue una política explícita; muchas veces fue una respuesta forzada a la ausencia de lo público.

Una ciudad con roles que no reconoce

Asunción arrastra además un problema estructural no resuelto: cumple funciones que exceden ampliamente su condición de municipio. Es capital nacional y cabecera de la principal región metropolitana del país. Sin embargo, tiene el mismo estatus institucional que cualquier otro municipio.

Ese desajuste genera sobrecargas, conflictos y responsabilidades sin herramientas adecuadas. No reconocer políticamente estos roles convierte a la ciudad en rehén de decisiones que se toman fuera de ella.

Una oportunidad inesperada

En este contexto adverso, emerge una oportunidad singular. Por primera vez, existen condiciones para la emergencia de un movimiento social urbano en Asunción.

Paradójicamente, la “no-ciudad” está produciendo organización. Colectivos que defienden espacios públicos, que luchan por un transporte digno, que protegen barrios, que reivindican la vida cultural, que cuestionan el machismo urbano, que defienden el ambiente y las diferencias.

Hoy esas organizaciones están dispersas. Pero podrían articularse en torno a una causa mayor: el derecho a la ciudad.

Derecho a la ciudad y gobernabilidad

El derecho a la ciudad no es una consigna abstracta. Es la posibilidad de disputar colectivamente el modelo urbano. Y, en este contexto, puede convertirse en un recurso de gobernabilidad democrática.

A diferencia del clientelismo —que solo necesita ganar elecciones—, el MUA tiene la posibilidad de apostar a la articulación ciudadana, al reconocimiento de las diferencias y a la construcción de mecanismos de participación abiertos, transparentes y sostenidos.

No se trata de conducir a la ciudadanía, sino de crear condiciones para que se articule sin captura.

Gobernar Asunción: una tarea histórica

Gobernar Asunción no será fácil. Requerirá mayorías políticas, capacidad técnica y, sobre todo, una estrategia política clara. Pero también exigirá algo que históricamente ha estado ausente: una ciudadanía organizada y protagonista.

En un contexto tan desfavorable, la gobernabilidad no se construye solo en la Junta Municipal. Se construye también en la calle, en los barrios, en los espacios públicos, en la cultura y en la participación.

El desafío del AUA no es solo ganar. Es demostrar que otra forma de gobernar la ciudad es posible.

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