Acuífero Patiño

El caos en la Región Metropolitana de Asunción presiona las aguas del acuífero Patiño

Ciudades desordenadas, sin infraestructura y con poblaciones esparcidas van disminuyendo cada vez más la calidad y la cantidad del reservorio de agua dulce, vital para el presente y el futuro del país. El ordenamiento territorial de la región es el gran desafío de las futuras autoridades municipales.


Escribe: Arístides Ortiz Duarte

Fotografía: Patricia López y Cecilia Rojas

Diseña: Andrés Peralta

10/2021

Escribe: Arístides Ortiz Duarte

Fotografía: Patricia López y Cecilia Rojas

Diseña: Andrés Peralta

10/2021

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Las ciudades de Asunción y Central y sus poblaciones se esparcen sin orden territorial alguno, afectando las aguas subterráneas que están bajo su suelo.



Raúl Guida estira la cadena de la cisterna del baño de su casa en el barrio Palma Loma de la ciudad de Luque, en el departamento Central.

Esa agua sucia va por un caño hasta el registro, pasa a la cámara séptica, donde se filtran los residuos sólidos, y cae como agua negra en la bóveda de ladrillos y cemento de dos metros de profundidad y un metro y medio de perímetro.

Cuando Guida se mudó con su familia a esta casa, hace 26 años, refaccionó su pozo ciego.

“Hoy funciona muy bien porque, como técnico industrial que soy, supe refaccionarlo correctamente”, dice con aire de suficiencia.

Lo que Raúl Guida admitió que no sabe es que debajo del suelo de su casa hay un continente triangular de agua dulce y transparente de 1.000 metros de profundidad, 65 kilómetros de largo, 30 kilómetros de ancho y 1.776 kilómetros cuadrados de superficie.

Tampoco sabe que es uno de los 260 mil habitantes del municipio de Luque (286 mil) que evacua sus residuos líquidos en la superficie del acuífero Patiño, ya que tan solo el 9,2% de los luqueños tiene cobertura de alcantarillado cloacal, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Alrededor de 1.341.000 personas del Área Metropolitana de Asunción (AMA, Asunción y los 10 municipios aledaños) hacen lo mismo que Guida: apenas el 33% de los habitantes de esta área (2.300.000, INE) tiene cobertura de alcantarillado cloacal, según datos del Primer avance del informe nacional de calidad del agua emitido en marzo pasado por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades).

Y si ampliáramos el perímetro espacial del AMA hasta los límites de la Región Metropolitana de Asunción (REMA, Asunción y los 19 municipios del departamento Central, 2.722.000 habitantes) y los municipios de Pirayú, Yaguarón y Paraguarí, son cerca de 2.173.000 cuerpos los que evacuan sus residuos líquidos sobre la superficie del Patiño, según los datos del Ente Regulador de Servicios Sanitarios (Erssan).

Este inmenso derrame de agua negra sobre el suelo a causa de la falta de alcantarillado cloacal se infiltra rápidamente en el agua subterránea y la contamina.





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Es la principal presión antrópica que sufre el Patiño, presión que describe el efecto directo que ejercen las actividades humanas sobre el medioambiente y sus recursos.

“La urbanización exige extender, por ejemplo, los servicios de recolección de residuos sólidos y líquidos y la red de agua potable. Y cuando estos servicios no se extienden, ¿dónde van los residuos?: al suelo, contaminando”, explica la arquitecta urbanista Mabel Causarano, cuyos estudios e investigaciones son señeros en la conceptualización y espacialización de los procesos de “metropolización” del AMA y la REMA.

Causarano explica así lo que ha estudiado muy bien: “La metropolización significa la unión física de dos o más ciudades, unión que se da porque ambas o una de ellas se extiende y llegan a tocarse. En el caso de Asunción –agrega la urbanista–, la ciudad tocó sus límites y comenzó a unirse con los municipios que están a su alrededor, tales como Lambaré, Fernando de la Mora, Mariano Roque Alonso, Limpio, Ñemby o San Lorenzo.



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Avenida Aviadores del Chaco, uno de los accesos a Asunción desde Luque (Central). La movilidad es uno de los nodos transversales de la REMA.



Esta metropolización en la REMA fue explosiva y sin planificación demográfica ni urbana.

Como las hierbas

Asunción y las 19 ciudades de la REMA con sus poblaciones se aglomeraron “a la buena de Dios” en los últimos 30 años; fueron literalmente creciendo como las hierbas.

“La aglomeración asuncena experimenta un esparcimiento urbano acelerado y de muy baja densidad desde las décadas 1980 y 1990, consumiendo cada vez más espacio en detrimento de los recursos naturales y agrícolas, y volviendo económicamente insostenible el despliegue de los servicios en red: infraestructuras cloacales y de escurrimiento de aguas pluviales, red de provisión de agua potable, transporte público y electricidad”, explica el geógrafo urbanista Jonathan Goetz, codirector de la agencia ISTHME - Estudio Meridional.

Debajo de este desorden poblacional y urbano, las preciadas aguas del Patiño se resienten.

Goetz pone como ejemplo de este desmán urbano la ciudad de Limpio. “Mientras que el peso demográfico del municipio de Asunción se estanca desde hace unos 30 años, la población de los municipios del primer anillo al inicio, y del segundo anillo posteriormente, aumenta considerablemente. El municipio de Limpio ilustra muy bien esta tendencia, ya que en el mismo periodo su población se multiplicó por once.”, dice.

En crecimientos urbanos desproporcionados como los de Limpio, las inmobiliarias y las empresas loteadoras desempeñaron un papel determinante, derramando las ciudades horizontalmente sin servicios urbanos básicos.



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Loteamiento en la zona que une Luque con Areguá, ciudades que forman parte de la REMA. Las inmobiliarias ejecutan “de hecho” la política de urbanización.



También como los yuyos han proliferado los pozos de agua mal perforados en toda la REMA, sin planificación ni control algunos por parte de los organismos competentes como el Servicio Nacional de Sanidad Ambiental (Senasa), el Erssan o el Mades.

Por esta razón, los pozos de agua son perforados “a gusto y paladar” en las casas, en las aguateras privadas, en las juntas de saneamiento y en las comisiones vecinales sobre la superficie del departamento Central. Perforaciones que se hicieron casi sin reglamentaciones técnicas ni intervención del Estado.

La ingeniera ambiental Elena Benítez –quien fuera la coordinadora local del Estudio de recursos hídricos y vulnerabilidad del acuífero Patiño en el 2018– señala que “si no se tiene un balance en cantidad y calidad de los recursos hídricos del Patiño, no se puede planificar el uso del agua”.



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Junta de Saneamiento de Posta Ybyraro, Compañía 7, de la ciudad de Capiatá. El tanque de agua de la junta alimenta a 262 familias.



“Esta desorganización, esta falta de visión de conjunto del Área Metropolitana, impacta fuertemente en el uso del suelo (…). Nadie las ve todas juntas. Cada uno mira su municipio, piensa que desde su municipio resolverá un problema que tiene múltiples causas que están entrelazadas entre sí”, explica Causarano.

El otro gran ducto que fatiga de contaminantes el acuífero son las industrias y fábricas asentadas principalmente en Central, las que, como los habitantes de las ciudades, tampoco tienen alcantarillado ni plantas de tratamiento de los efluentes que producen en sus procesos de industrialización de materia prima.

Estaciones de servicio de combustibles, curtiembres, mataderos y frigoríficos de ganado bovino, porcino y avícola encabezan la lista de los que ensucian lenta pero sostenidamente las aguas que están debajo del suelo de Central, seguidos por las manufacturas de plástico y pesticidas, las refinerías de gas y petróleo, las industrias farmacéuticas y las procesadoras de metal. También están las fábricas de jabón, aceite, las destilerías, los lavaderos de autos, las papeleras y las embotelladoras de agua, de gaseosa, de cervezas y jugos.



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Empresa embotelladora de agua mineral en Lambaré. Hasta el 2018, 50 de éstas estaban instaladas en el Departamento Central; succionan gratis las aguas del acuífero Patiño para un negocio muy rentable.



En total, según el Censo económico nacional 2011, 9.328 unidades industriales se asientan y operan sobre el suelo bajo el cual yace el Patiño, sin que sus efluentes industriales sean tratados.

Para redondear este alud de contaminantes sobre la vital reserva de agua, suman, en gran cantidad, la agricultura con sus pesticidas y herbicidas, principalmente los usados en la horticultura, cuyos cultivos son extensos en Central.

Como síntesis del cuadro descrito, Jonathan Goetz subraya: “Es clave comprender que la contaminación del acuífero Patiño está estrechamente ligada al fenómeno de esparcimiento de la mancha urbana de la aglomeración asuncena. Debemos comprender este fenómeno a través del espacio, analizando sus formas, estructuras y ritmos de expansión”.

La extracción de agua, la otra presión

Raúl Guida tiene en su casa un pozo de agua de siete metros de profundidad; fue cavado a tan solo cinco metros del pozo ciego. “Debajo de Luque hay mucha agua”, dice Guida, quien, con su familia, se surte diariamente del agua cristalina del pozo que llega hasta la franja saturada del acuífero.

El pozo de la casa de Guida es apenas uno de los 3.550 pozos de agua que, según el libro ¿De quién es el agua?, publicado en el 2018 por Base Investigaciones Sociales, existen sobre el territorio subterráneo del Patiño.

La ingeniera Elena Benítez cuenta que, gracias al Estudio de vulnerabilidad del Patiño que realizaron, saben que hay aproximadamente 1.500.000 personas aplacando su sed y usando para fines domésticos las aguas del acuífero. Personas que no tienen cobertura de red de agua potable de la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay (Essap) en Asunción, Central y parte de Paraguarí.

¿Cuánta agua subterránea consumen y usan las personas que viven sobre el Patiño? es la pregunta que surge.

El ingeniero ambiental Roberto Lima, un reconocido experto en residuos líquidos y sólidos, responde: una persona usa en un día un promedio de 150 litros. “Si multiplicamos esta cantidad por la cantidad de personas sin cobertura cloacal sobre el Patiño (1.800.000), tenemos que se están consumiendo y usando del acuífero, cada día, 270.000.000 de litros de agua”, calcula Lima.

Si sorprende la cantidad de agua que consumimos y usamos las personas en un día, la cantidad que usan del Patiño las 9.328 industrias y fábricas asentadas principalmente en Central puede provocar estupor. Porque se asientan aquí no por azar. “Explotar el agua subterránea es negocio porque no se invierte en su tratamiento, porque el agua del acuífero es pura y es gratis”, recuerda Elena Benítez.

El parque industrial sobre Central usa y comercializa millones y millones de litros diariamente. A la cabeza están los cultivos de frutas y hortalizas que se extienden por Central; los mataderos y frigoríficos de carne bovina, porcina y avícola; las empresas industrializadoras de agua para jugo, alcohol, gaseosa y agua mineral; las curtiembres y los lavaderos de autos.

Como ejemplo, el lucrativo negocio de industrializar aguas subterráneas estimula a los empresarios: sobre el Patiño hay 50 empresas embotelladoras de agua mineral, según el libro ¿De quién es el agua?

El mapa de las sobreexplotaciones puntuales por zonas del acuífero diseñado por el Estudio de vulnerabilidad del Patiño revela la incidencia de las industrias, fábricas y la horticultura: los ejes conformados por los municipios de San Antonio y Ñemby, Capiatá e Itauguá, y Villa Elisa y San Lorenzo, en los que están asentadas las industrias y cultivos, soportan la presión de la excesiva extracción.

¿Gratuidad de las aguas del reservorio estratégico para la vida y la producción de la REMA de cara al sombrío panorama que dibuja sobre el agua dulce el cambio climático? ¿Miles de pozos de aguas que son perforados sin reglamentación técnica ni control de calidad? ¿Contaminación de las aguas del subsuelo por efluentes industriales?



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Centro urbano de Areguá, capital de Central. El cultivo de frutillas, muy importante en la economía aregueña, es regado con las aguas del Patiño.



El hidrogeólogo Fernando Larrosa responde estas preguntas: “El problema más grave del acuífero es la falta de reglamentación de la Ley 3239 de Recursos Hídricos (Ley de aguas); si no se implementa esta ley, no se puede hacer nada por el Patiño”.

Mas en el fondo de la no implementación de esta ley está un problema aún más complejo y grave: no se planificaron ni la población ni las ciudades de la REMA, como han insistido Causarano y Goetz. Y esta ausencia es palpable: nueve de los once municipios del AMA tienen planes de ordenamiento territorial y desarrollo sustentable, según la Secretaría Técnica de Planificación, pero ninguno de estos planes se implementa en la realidad; solo tienen vida en los cajones de los municipios.