Deforestacion

Debemos boicotear los productos provenientes de las aventuras ecocidas en el Chaco

El ecólogo Miguel Lovera lanza un SOS para salvar los bosques del Chaco paraguayo de la industria de la carne y la soja transgénica.



Escribe: Arístides Ortiz Duarte

Fotografía: Diego Rivas

08/2014

Escribe: Arístides Ortiz Duarte

Fotografía: Diego Rivas

08/2014

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El Chaco paraguayo o Región Occidental del Paraguay tiene una superficie de 246.925 kilómetros cuadrados, lo que equivale al 62% de todo el territorio (406.752 Km 2) del país. Este vasto espacio tiene apenas alrededor de 220.000 mil habitantes (el 3% de la población total del país), la mayoría pertenecientes a los pueblos indígenas y a la influyente comunidad menonita, asentada en el Chaco Central, poderosos productores de carne y de lácteos. Es parte del Gran Chaco Americano que se extiende en los territorios de Argentina, Bolivia, Brasil (una pequeña parte) y Paraguay.

Hasta 1980, los ricos bosques chaqueños adaptados a condiciones áridas y que contienen una impresionante diversidad de vida, eran casi vírgenes.

Casi vírgenes, hasta que llegaron la industria de la carne vacuna con tecnología de punta, y, últimamente, las plantaciones de soja transgénica, las que como un fuego abrazador están desmontando sus bosques, extinguiendo especies enteras de animales e insectos y expulsando con violencia a las poblaciones indígenas. Este ecocidio que perpetran se cobró hasta hoy alrededor de 7 millones de hectáreas de bosques, casi la mitad (18 millones) de las que tenía antes de 1980.

Miguel Lovera, ingeniero agrónomo, ecólogo y coordinador general de la organización ambientalista Iniciativa Amotocodie, advierte en esta entrevista que si no se detiene esta depredación, “en la próxima década veremos la extinción de los últimos espacios naturales del Chaco”.

Lovera denuncia que, aun cuando el Estado paraguayo debería frenar este ecocidio, es, contrariamente, el que lo promueve facilitando las cosas a los privilegiados sectores de la economía nacional (ganaderos y sojeros) y global (las trasnacionales que importan carne y granos) que ejecutan la destrucción de la vida vegetal, animal y humana en el Chaco paraguayo.



“...como un fuego abrazador están desmontando sus bosques, extinguiendo especies enteras de animales e insectos y expulsando con violencia a las poblaciones indígenas"





Concretamente, ¿qué queda y que no, hoy, de la exuberante riqueza ecológica del Chaco Paraguayo?

La biodiversidad del Chaco paraguayo se encuentra amenazada por el avance imparable de las actividades extractivas. Tanto la diversidad de formas de vida, ecosistemas y hábitats, como la cantidad y composición de las poblaciones de especies de fauna y flora se encuentran en evidente proceso de desaparición. A la deforestación y destrucción de otros ecosistemas, se le suma la fragmentación de los ambientes y hábitats naturales, lo que deteriora la funcionalidad de dichos sistemas y conforman una espiral de destrucción que conduce, en muchos casos, a la extinción de especies y ecosistemas. Los últimos guarismos indican que, de los 18 millones de hectáreas de bosques que tenía el Chaco paraguayo, ya fueron talados alrededor de 7 millones de hectáreas. Se puede estimar, con poco espacio para el error, que si se mantiene esta tendencia, en la próxima década veremos la extinción de los últimos espacios naturales, fuera de las áreas protegidas, del Chaco.

¿Cuáles son el o los sectores de la economía nacional y global que perpetran esta destrucción?

Los principales sectores que motorizan este proceso son, en primer lugar, el sector ganadero, seguido del sector agrícola, principalmente la amenaza sojera, y, finalmente, el propio Estado, que con la construcción de rutas fragmenta los espació naturales, causando daños irreversibles debido a la fractura espacial que ocasionan. Tanto la industria de la carne –que cría millones de cabezas de ganado vacuno- como el proyecto del agro-negocio de sembrar 2 millones de hectáreas de soja transgénica en el Chaco, son hoy los principales depredadores de la biodiversidad chaqueña.

El Instituto Nacional de Estadística calcula que hoy viven en el Chaco paraguayo alrededor de 115 mil indígenas. ¿Cómo es el impacto de la destrucción de la biodiversidad chaqueña en estos pueblos?

El principal problema que acarrea el proceso de pérdida de la biodiversidad nativa es que con eso cambia el mundo del indígena. Ellos conocían y se adaptaban perfectamente a los ecosistemas y ambientes y los servicios naturales que estos producen. Con la desaparición de la biodiversidad que los ecosistemas albergan, el soporte vital para los pueblos indígenas cambia o se acaba. Todas las poblaciones de las diferentes etnias padecen esta situación, resintiéndose su acceso a los alimentos tradicionales, a la caza, la pesca, la recolección de especies vegetales y, muy especialmente, su suministro de agua. La situación incide, entonces, directa y gravemente sobre la supervivencia misma de las personas de esos pueblos indígenas.





¿Cuáles son las responsabilidades concretas del Estado paraguayo en este ecocidio?

El Estado paraguayo es el garante del ecocidio que se perpetra en el Chaco, pese a que su mandato constitucional es precisamente el opuesto. La principal responsabilidad del Estado debería ser detener la insensatez genocida que experimenta el Chaco, y no sólo el Chaco, ya que los bienes y servicios ambientales originados en la funcionalidad de los biomas chaqueños son de importancia nacional, regional y global. El Gobierno debería redireccionar los recursos que gasta en subvencionar la destructiva producción de mercancías de exportación y ponerlos al servicio de la conservación y restauración de los ecosistemas chaqueños (y de otros rumbos también).

¿Qué acciones y medidas se pueden promover y protagonizar desde la sociedad civil ante esta destrucción de la biodiversidad chaqueña?

Continuando con lo anterior, la sociedad nacional debe oponerse terminantemente a la aplicación de sus recursos financieros, confiados al Estado y recaudados por este a través de los impuestos, a este ecocidio. La ciudadanía de “a pie” paga hasta el 75% de los impuestos en nuestro país, donde rige una franquicia impositiva, aunque informal, exonerando a los ricos del pago de impuestos acordes a sus ingresos y patrimonios. Entonces, somos nosotros los que debemos marcar las pautas de cómo se gasta nuestro dinero: ni un peso más al agro-negocio. También debemos boicot a los productos provenientes de las aventuras ecocidas en el Chaco, perpetrados por los sectores privilegiados del país. Para ello, debemos unirnos y acordar formas de ejercer nuestro peso político y, sobre todo, tenemos que dejar de elegir a aquellos representantes de los partidos y sectores responsables de dilapidar las riquezas del pueblo y entregar la soberanía nacional.



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